Fidel hace 60 años: “Sea fácil o sea difícil el camino, ¡venceremos!”

En todo el territorio nacional, el 20 de enero de 1961, fueron celebrados actos de fervor revolucionario para la desmovilización de los milicianos que regresaban nuevamente a sus hogares y a sus puestos de trabajo tras persuadir a los imperialistas de que una agresión a Cuba no sería un paseo militar. Los cubanos se habían puesto en alerta desde fines de diciembre ante las amenazas de la administración Eisenhower en sus últimos días de gobierno.

Fidel presidió la desmovilización de los mi­licianos de La Habana; mientras que Raúl Castro, casi a la misma hora, lo ha­cía en Santiago de Cuba.

Ese día, desde la terraza norte del Palacio Presidencial, a las 5:45 p.m., el Co­man­dante en Jefe habló ante la multitud de milicianos sobre la situación de peligro que aconsejó la movilización militar y, especialmente, a los cambios que se habían producido en los últimos días. A continuación el discurso.

***

Los momentos de mayor tensión han pasado, y han de regresar ustedes a sus casas, donde los esperan sus familiares —en aquellas casas donde quedó algún familiar, porque nosotros sabemos de muchos casos en que el padre y todos los hijos marcharon a formar en su milicia, y solo quedaba la madre en casa. Esa madre los espera hoy, los esperan las esposas, los hermanos  y los hijos.

Estarán impacientes por verlos de nuevo porque, cuando ustedes marcharon a ocupar sus puestos, en el ánimo de ellos quedaba la resignación y la conformidad de que iban a cumplir el deber, pero quedaba también la incertidumbre.  Y hoy recibirán la alegría de verlos de nuevo.

Pero antes de regresar a sus casas, antes de regresar a sus hogares, el pueblo y el Gobierno Revolucionario querían tener esta reunión. Hemos tenido varias reuniones; dos veces se ha reunido el pueblo: el día 2 de enero, cuando ustedes desfilaron y continuaron hacia sus trincheras, y en días recientes, cuando los trabajadores volvieron a reunirse. Ambas veces faltaron ustedes; ustedes, los que no faltan cada vez que se convoca al pueblo. Y, sin embargo, aunque ustedes no estaban presentes, el pueblo vino y las plazas se llenaron. Se llenó la Plaza Cívica el día 2, y se llenó esta avenida hace apenas unos días. Por eso era necesario que también ustedes dijeran presente en la plaza pública.

El hecho de que en ausencia de ustedes se hubiesen llenado estos sitios, y el hecho de que hoy esta plaza se haya vuelto a llenar con la presencia de ustedes, demuestra cómo la Revolución puede reunir al pueblo: al pueblo que quedó trabajando en las fábricas y al pueblo que quedó vigilante en las trincheras; y que cuando cualquiera de estas dos partes del pueblo se reúne, forma una gigantesca multitud; y que cuando ambas partes del pueblo se reúnen, no hay espacio para abarcar la multitud.

Es muy posible que todos los que estamos aquí presentes estemos contemplando un espectáculo único. Muchas veces hemos oído hablar del pueblo armado, pero posiblemente en nuestro continente —no posiblemente, sino con toda seguridad— por primera vez se reúne una multitud armada. Este acontecimiento de hoy sin duda que pasará a la historia, porque es la primera vez que todos nosotros, que muchos visitantes que todavía permanecen entre nosotros, han podido presenciar el espectáculo de una multitud armada.

Y la Revolución no ha querido hacer una ostentación de fuerza. ¿Para qué hacerla ahora? La Revolución sabía el número de hombres que estaban listos para defenderla; y hoy aquí todo el pueblo, los que estén presenciando este acto desde sus casas, todos nosotros los que lo presenciamos desde la tribuna, todos, menos ustedes mismos, porque no pueden observarse como nosotros desde aquí, estamos viendo por qué nuestra patria podía sentirse segura, y estamos obteniendo una idea real de la fuerza de nuestro pueblo.

Nuestros enemigos, un día como hoy, podrán tener conocimiento de dos cosas:  la fuerza de nuestras ideas y la idea de nuestra fuerza.

Hoy hemos arribado al día en que considerábamos el momento adecuado de iniciar la desmovilización. Nos sentimos satisfechos, muy satisfechos; y todos tenemos que sentirnos muy satisfechos de haber llegado a este día 20 de enero de 1961, sin que sobre nuestra patria hubiese caído el zarpazo traicionero.  Hemos llegado hasta aquí sin invasores; hemos llegado hasta aquí sin haber tenido necesidad de usar nuestras armas contra los que planeaban la agresión.

Hoy, 20 de enero, puede decirse que nuestro pueblo vigilante alejó de sí el peligro; ¡hoy, 20 de enero, podemos decir que la patria está en pie y está entera!  Lo que no podrá decirse hoy, 20 de enero, y lo que no podrá decirse nunca, es que ante el peligro de agresión los hombres permanecieran indiferentes; lo que no podrá decirse hoy, y lo que no podrá consignar la historia, jamás, es que un pueblo como el nuestro, ante el peligro que se cernía sobre la patria y sobre la Revolución, dejó de tomar todas las medidas necesarias para que ninguna sorpresa pudiera ensañarse contra nuestro pueblo, para que si nos agredían, a los hombres no los encontrasen durmiendo, sino despiertos y en guardia en las trincheras. Y lo que no podrá ocurrir jamás, es que ante cualquier peligro el pueblo deje de movilizarse.

Regresamos a nuestro trabajo, regresamos al seno de nuestras familias, y volvemos orgullosos, volvemos satisfechos de podernos entregar de nuevo al trabajo, pero no volvemos con miedo a las trincheras; no volvemos creyendo que todos los peligros han desaparecido; volvemos a nuestro trabajo y a nuestros hogares, pero estamos dispuestos a volver de inmediato a las trincheras, si de nuevo la patria se viera amenazada. 

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Universidad de Las Tunas
Alexis Ruíz Mulet

Alexis Ruíz Mulet

Profesor del Departamento de Comunicación Institucional Coordinador del grupo de Activistas de Opinión en las Redes Sociales Webmaster de las Universidad de Las Tunas, Cuba

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