Pepito, Tony y Otto, presentes este 30 de noviembre

Pepito Tey, Tony Alomá y Otto Parellada, los tres jóvenes que regaron con su sangre esta ciudad de Santiago de Cuba en el levantamiento del 30 de noviembre de 1956, son recordados hoy por su pueblo en patriótica jornada.

Sus huellas están en la Loma del Intendente, donde cayeron ultimados a balazos, en la Placita de Santo Tomás, asiduo lugar de reuniones para hablar de sus sueños de libertad, y otros locales que los cobijaron para organizar sus acciones.

En las previstas de apoyo a la llegada del yate Granma estuvo el ataque a la estación de policía, ubicada en un nivel más alto con respecto a la posición de los revolucionarios, pero desde las garitas salieron las balas que segaron sus vidas.

José Tey Saint Blancard (Pepito), quien hubiera cumplido al siguiente dos de diciembre 24 años, estuvo al frente de uno de los grupos, por su capacidad organizativa y valentía.

Muy entusiasta era Antonio Alomá Serrano (Tony), de 29 años, quien -vestido con el uniforme verde olivo- cayó sin poder conocer a su hija, aún en el vientre de la madre.

Otto Parellada, de 28 años, fue el otro mártir esa mañana cuando la ciudad se levantó en armas, en una página que llenó de gloria su historia.

Tenía la encomienda de atacar la estación de policía por la retaguardia, para apoyar el grupo que iría al frente con Pepito y Tony.

En el desigual combate, las balas enemigas hirieron de muerte a Pepito, Tony y Otto, intrépidos, valientes y audaces jóvenes que -como muchos de su generación- apoyaron el ideario del líder Fidel Castro, de continuar la lucha hasta la total liberación.

Universidad de Las Tunas
Alexis Ruíz Mulet

Alexis Ruíz Mulet

Profesor del departamento de Comunicación Institucional.

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